Vigorexia: cuando el ejercicio y el cuerpo se vuelven una obsesión
- Nutricionista Karina Herrera Herrera

- hace 12 minutos
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Si pasas horas planificando tus entrenamientos, te revisas en el espejo varias veces al día y sientes que tu cuerpo nunca es suficiente por más músculo o definición que ganes, quiero que sepas que no estás solo ni sola. La vigorexia es una alteración de la imagen corporal que suele pasar desapercibido, porque se disfraza de disciplina y "vida sana". Hoy quiero contarte qué es, cómo reconocerla y sobre todo, cómo se puede trabajar.

¿Qué es la vigorexia?
La vigorexia, también conocida como dismorfia muscular, es una preocupación excesiva por el tamaño y la definición del cuerpo que lleva a entrenar de forma compulsiva, a controlar la alimentación de manera muy rígida y, en algunos casos, a recurrir a suplementos o sustancias para acelerar resultados. Se ubica dentro del espectro de los trastornos de la conducta alimentaria, aunque su foco no suele ser bajar de peso, sino ganar volumen muscular o "verse más definido o definida", sin llegar nunca a sentirse conforme con el resultado.
Señales que pueden indicar vigorexia
No siempre es fácil identificarla, porque muchas de sus conductas se validan socialmente como compromiso o esfuerzo. Algunas señales que vale la pena observar:
Entrenar aunque el cuerpo esté lesionado, agotado o enfermo, y sentir culpa intensa si se salta una sesión.
Revisarte constantemente en el espejo o fotografiarte para comparar tu físico con el de días anteriores.
Organizar toda tu alimentación en función del rendimiento o el desarrollo muscular, dejando de lado el disfrute o la flexibilidad.
Evitar comidas, viajes o celebraciones porque interfieren con el entrenamiento o el plan alimentario.
Sentir que tu cuerpo nunca es "suficiente", sin importar los cambios que logres.
¿Por qué se desarrolla?
La vigorexia suele surgir de la combinación de varios factores: una autoestima que depende mucho de la imagen corporal, rasgos de perfeccionismo, la exposición constante a cuerpos "ideales" en redes sociales y una cultura fitness que premia el rendimiento físico por sobre el bienestar. A esto se suma, muchas veces, una historia previa de comparación corporal o de comentarios sobre el propio cuerpo que dejaron huella.
La delgada línea entre disciplina y obsesión
Entrenar con constancia y cuidar tu alimentación no es, en sí mismo, un problema. La diferencia está en la flexibilidad: alguien con una relación sana con el ejercicio puede saltarse una sesión sin culpa, ajustar su alimentación según el contexto y sostener una vida social plena. Cuando el entrenamiento y la comida empiezan a organizar toda tu vida y tu estado de ánimo depende de si "cumpliste" o no, es momento de prestar atención.
Consecuencias en el cuerpo y en la mente
A nivel físico, el sobreentrenamiento y las dietas muy rígidas pueden generar lesiones, alteraciones hormonales y problemas digestivos. A nivel emocional, es frecuente la ansiedad, el aislamiento social y una autoestima que sigue siendo baja incluso cuando el cuerpo cambia, porque el problema real no está en la apariencia, sino en la relación que se tiene con ella.
¿Cómo se aborda la vigorexia?
El abordaje suele ser multidisciplinario: nutrición, psicología y, en algunos casos, medicina deportiva trabajando en conjunto. No se trata de dejar de entrenar, sino de reconstruir una relación con el cuerpo y la comida basada en el bienestar y no en el control. Un plan de alimentación flexible, que cubra tus necesidades reales sin rigidez extrema, suele ser un primer paso concreto y sostenible.
Si te viste reflejado o reflejada en algunas de estas señales, no tienes que resolverlo solo o sola. Pedir ayuda no es un fracaso: es el primer paso hacia una relación más sana con tu cuerpo y tu entrenamiento. Si quieres conversarlo, puedes agendar una consulta nutricional online conmigo y armamos juntos un camino que sí puedas sostener



